Premiar o no a nuestros hijos por sacar buenas notas es un dilema que se presenta cada final de curso.
Muchos padres tienen por costumbre hacer un regalo a sus hijos cuando llegan con
buenas notas a final de curso, sin embargo, la mayoría de expertos y psicólogos
infantiles afirman que no hay que hacer un regalo material o económico. Nuestros
hijos han de recibir nuestro reconocimiento y orgullo por su esfuerzo durante todo el
curso, independientemente de las notas que nos presenten. Francisco Castaño,
psicólogo y autor del libro “La mejor medalla: su educación” es tajante ante la
pregunta si se debe o no regalar por las notas: “No”, “Aprobar es la responsabilidad
de nuestros hijos y eso no se premia. Las notas son la recompensa a su esfuerzo, a
haberles enseñado hábitos, constancia. Sí les debemos decir que estamos orgullosos
de ellos y sólo esa palabra les cambia la cara”.
Un niño que no ha sacado notas excelentes pero durante todo el curso se ha esforzado
mucho se merece un reconocimiento quizá aún mayor que el niño que no tiene
problemas de aprendizaje y le es fácil asimilar el contenido del curso académico.
Los niños tienen que comprender de forma progresiva que el aprendizaje forma parte
de sus responsabilidades y nuestro papel como padres o educadores es valorarlo.
Desventajas que pueden ocasionar los regalos

1 – No les guiamos hacia la perfección
A los niños se les tiene que enseñar que dar lo máximo de sí mismos les será muy beneficioso en su futuro. Les tenemos que enseñar que sacar buenas notas, estudiar, hacer los deberes y presentar los trabajos limpios les ayudará a ser más responsables, superar las dificultades que se les plantee, entender el mundo que les rodea y sobre todo desarrollar al máximo todas sus capacidades.

2 – Damos una visión materialista
Muchos niños tienen más juguetes de los que necesitan e incluso muchos se quedan guardados en la misma caja. Las recompensas en forma de juguetes o dinero hacen que los niños se vuelvan más materialistas y no valoren lo que tienen. Siempre relacionaran su satisfacción con lo material.
El niño puede llegar a pensar que el único objetivo de sacar buenas notas son los regalos y no entender que lo importante es formarse y adquirir nuevos conocimientos.
3 – No enseña al niño lo que verdaderamente es importante
El niño puede llegar a pensar que el único objetivo de sacar buenas notas son los regalos y no entender que lo importante es formarse y adquirir nuevos conocimientos.

4 – Puede generar frustración

Imaginemos a un niño que no consigue su regalo, seguramente le causará una frustración por no haber obtenido su recompensa pero no será consciente del problema real ni será capaz de buscar soluciones para que no se repita.
5 – No enseña responsabilidad

Los niños tienen que entender que estudiar es “el trabajo” y su obligación. Nunca serán responsables si no entienden que deben cumplir con las tareas que les corresponde en cada etapa de sus vidas.
Ventajas de las recompensas
Si tu hijo recibe un regalo, va a aprender que el esfuerzo y la constancia dan buenos frutos. Este detalle seguramente le va a ayudar a motivarse.
Si decidimos hacerle un regalo, que sea un objeto simbólico, un helado, una entrada para el cine, un libro… Seguramente el mejor regalo serán unas palabras de satisfacción tuyas o un simple abrazo que reconozca su esfuerzo, dedicación y constancia.
Un detalle importante en una recompensa es la sorpresa, es decir, que tu hijo no se espere ese regalo, así lo entenderá como una recompensa a su esfuerzo, no como algo que debe recibir siempre.
Después de todas estas puntualizaciones podríamos decir que no debemos prometer a nuestros hijos regalos por sacar buenas notas a final de curso. Debemos aplaudirlos por el esfuerzo realizado aunque no sean las mejores notas y ¿por qué no? es el momento de darles una pequeña satisfacción organizando una tarde de cine en familia, una excursión u organizando entre todos aquella comida familiar que siempre íbamos aplazando.

Y… ¿si no aprueba el curso?
La principal actitud de los padres que deben mostrar delante de esta situación es la calma. Tenemos que sentarnos con los tutores y con los hijos y escuchar sus valoraciones y opiniones. Tenemos que ver qué dificultades puede tener y poner remedio con clases particulares o refuerzos concretos. O bien, si el hijo no ha querido estudiar sin más. Más que hablar de castigos, hemos de hacer una planificación nueva del verano, que el niño vea que suspender tiene consecuencias, en definitiva, se trata de buscar el placer del trabajo bien hecho.
Los niños que no han aprobado el curso por algún motivo que no sea la dejadez han de verse arropados y apoyados delante de este fracaso, ya que para él, si es responsable, le va a suponer un disgusto muy importante el ver que sus amigos avanzan de curso y quizá él tenga que repetir curso o hacer clases de refuerzo cuando sus compañeros están todo el día en la calle.





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